domingo, 17 de julio de 2011

Confesiones de San Agustin

Grande eres, Señor, e inmensamente digno de alabanza; grande es tu poder y
tu inteligencia no tiene límites.
Y ahora hay aquí un hombre que te quiere alabar. Un hombre que es parte de tu
creación y que, como todos, lleva siempre consigo por todas partes su
mortalidad y el testimonio de su pecado, el testimonio de que tú siempre te
resistes a la soberbia humana. así pues, no obstante su miseria, ese hombre te
quiere alabar. Y tú lo estimulas para que encuentre deleite en tu alabanza; nos
creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse
en ti.
Y ahora, Señor, concédeme saber qué es primero: si invocarte o alabarte; o si
antes de invocarte es todavía preciso conocerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario