Los puritanos consideraban que su vida era una guerra, Cristo su capitán, la oración y las lagrimas sus armas, la cruz su bandera y su lema: “el que sufre conquista”
(John Geree)
Packer declara que la razón por la que los cristianos contemporáneos necesitamos a los puritanos se responde con una palabra: madurez. Y ante la pregunta, ¿Cómo pueden los puritanos ayudarnos a alcanzar esa madurez que ellos tenían y nosotros necesitamos? él responde señalando seis áreas de su vida y su doctrina.
1. La integración de sus vidas diarias Su vida era toda de una pieza, sin hacer distinción entre lo sagrado y lo secular. Todo lo integraban con el propósito único de honrar a Dios, apreciando su creación y haciendo todo “santidad al
Señor.” En su ardor por lo celestial y lo eterno, sin embargo, eran hombres y mujeres de orden, realismo, oración,
propósito y sentido práctico.
2. La calidad de su experiencia espiritualEn su comunión con Dios, Jesucristo era central y la Biblia suprema. Sabiendo que Dios llega al corazón por la mente, meditaban racional y sistemáticamente todas las verdades bíblicas, la cuales aplicaban a vidas, examinando y desafiando sus almas para estimularse a aborrecer el pecado, amar la santidad y
fortalecerse con las promesas de Dios. Esta apasionada, racional y resuelta piedad era conciente pero no obsesiva,
guiada por la ley de Dios más no legalista, y expresiva de la libertad cristiana pero sin caer en el libertinaje.
Sabían que la Escritura es la regla invariable de santidad, y no permitían que se les olvidara.
3. Su pasión por la acción efectiva Ellos no eran ‘soñadores,’ ni tenían tiempo para la pasividad del ocioso o el
inactivo que deja que otros cambien el mundo. Eran hombres dotados y de acción, que oraban fervientemente para
que Dios les permitiera usar sus dones, no para exhibirse sino para la gloria deDios.
4. Su programa para la estabilidad familiar
Al casarse no buscaban alguien a quien amaran apasionadamente en ese momento, sino a alguien a quien
pudiesen amar permanentemente como la mejor compañía para el resto de sus vidas. Instruían a sus hijos en el camino
que habrían de seguir, cuidaban de sus cuerpos tanto como de sus almas, y los educaban para una vida adulta sobria
piadosa y socialmente útil. En sus hogares mantenían el orden, la cortesía y la adoración familiar, y era allí el primer
lugar donde practicaban el evangelismo y el discipulado.
5. Su sentido de la dignidad humana
Ellos sentían intensamente la maravilla de la individualidad humana y la apreciaban fuertemente sabiendo que
eran criaturas de Dios, hechas para ser sus amigos. Eran muy conscientes del valor del alma inmortal de cada alma
individual.
6. Su ideal de renovación y purificación en la iglesia
Ellos usaban la palabra ‘reforma’ en lugar de ‘renovación,’ pero al hacerlo no se referían solo a teología sino a la obra
de la gracia de Dios que santifica a los santos, convierte a los pecadores, ilumina las escrituras, promueve la salud
y la expectación espiritual, y transforma el carácter proveyendo sabiduría, estabilidad, obediencia, humildad, gozo
y seguridad de la salvación a los creyentes. En cuanto a los ministros, suideal era que ejercieran su labor
predicar, enseñar, y ser buenos ejemplos animados por el poder del Espíritu de Dios.
Si los cristianos modernos conociéramos y tomáramos en serio los ideales puritanos, se acrecentaría la esperanza
de ver una verdadera ‘reforma’ en nuestras vidas, nuestros ministros, nuestras iglesias y nuestras comunidades.
una de mis frases favoritas...Los puritanos consideraban que su vida era una guerra, Cristo su capitán, la oración y las lagrimas sus armas, la cruz su bandera y su lema: “el que sufre conquista”
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